Existen razones estratégicas clave por las que producciones exitosas como Game of Thrones optan por dividir sus temporadas en segmentos más cortos, a pesar de la frustración de los fans.
Los fans de series emblemáticas como Game of Thrones a menudo se quejan de la escasez de episodios por temporada. La séptima temporada, emitida en 2017, tuvo solo siete episodios, frente a los diez de temporadas anteriores, y la octava y final contó con apenas seis.
En contraste, series clásicas como Dawson's Creek (hasta 24 episodios), Gossip Girl (25 en su segunda temporada) o My So-Called Life (19 en su estreno) ofrecían más contenido. Programas aclamados como The West Wing, 30 Rock y ER superaban regularmente los 20 episodios por temporada.
¿Por qué las cadenas y plataformas ahora prefieren temporadas más cortas e incluso divididas? Daniel Fienberg, crítico de televisión de The Hollywood Reporter y presidente de la Asociación de Críticos de Televisión, identifica múltiples factores en una entrevista por correo electrónico.
Para los espectadores, es cuestión de semántica: los últimos dos años de Breaking Bad fueron técnicamente una sola temporada dividida en dos mitades de ocho episodios cada una. AMC aplicó lo mismo con Mad Men, segmentando su séptima temporada final en dos partes de siete episodios.
"Una parte importante es contractual", explica Fienberg. "Una temporada final dividida se negocia como una sola, evitando aumentos salariales para las estrellas entre mitades, pero permite filmar más episodios de una vez o con pausas largas".
En Game of Thrones, las temporadas siete y ocho se ordenaron por separado, con aumentos salariales significativos para el elenco en la octava, lo que influyó en el número y duración de episodios.
Dividir temporadas también maximiza la presencia en premios como los Emmy. "Jon Hamm no habría ganado su Emmy de 2015 por Mad Men si la temporada final no se hubiera dividido, compitiendo con Breaking Bad", señala Fienberg.
Jon Hamm ganó su Emmy en 2015 gracias a la división de temporadas, evitando competencia directa con Breaking Bad.
Para las cadenas como AMC o HBO, una temporada corta de un éxito mantiene el valor de marca. En Game of Thrones, HBO prioriza dar tiempo a los creadores para un cierre adecuado, extendiendo la elegibilidad a Emmys (2018 y posiblemente 2019) y preparando posibles spin-offs.
Desde la perspectiva creativa, las divisiones permiten planificar arcos narrativos precisos, con pausas para escribir y escalar producciones finales, como en Breaking Bad, donde la primera mitad preparó el clímax.
En resumen, aunque los fans desean más episodios, estas estrategias benefician contratos, premios y calidad narrativa, prometiendo finales impactantes.