Durante los primeros 161 años de la humanidad en el espacio, vivimos una especie de luna de miel. Los avances en hipersueño y viajes más rápidos que la luz nos lanzaron al océano cósmico, pero solo hallamos vacíos solitarios y mundos inhóspitos. Descubrimos formas de vida primitivas, pero nada que igualara nuestra imagen divina.
Todo cambió en 2122 d.C. La tripulación del USCSS Nostromo atracó en una nave abandonada en la luna LV-426. Allí se toparon con lo que un observador llamó "el organismo perfecto".
De los pasajeros originales de esa nave, el equipo de Nostromo solo encontró restos petrificados. Sin embargo, la vida aún acechaba en las profundidades de la bodega de carga. Descubrieron un alijo de huevos coriáceos que darían inicio a los primeros encuentros humanos con el xenomorfo. Este término, tomado de la geología, significa literalmente "forma extraña". Su biología desafía toda clasificación fácil: parte análoga a la vida terrestre, parte enigma absoluto.
La vida en la Tierra es cruel. La vida en otros mundos, aún más.