Si buscas relatos escalofriantes para compartir en una fogata familiar o en una fiesta de Halloween, estas 9 historias cortas son ideales. Fáciles de recordar, provoca escalofríos con tu voz más siniestra, pausas dramáticas y un toque de misterio. ¡Elige tu favorita y haz que todos salten del susto!
El Acechador
El cazador observa la noche, al acecho de su presa. Su arco parece inocente, pero irradia una energía siniestra. Cuando mamá apaga la luz, se desliza sigilosamente en la oscuridad. Mira cómo se cierra la puerta y la respiración del niño se ralentiza. Fuera de la ventana, inmóvil como una estatua, sin parpadear. En un movimiento fluido, la ventana se abre sin ruido. Se acerca reptando, dos ojos brillantes reluciendo en tinieblas. El niño tiembla... pero ahora duerme para siempre.
¿Quién soy?
En el banco, mi cuenta corriente está vacía. La de ahorros también. ¿Cómo es posible?
"Hubo una brecha en sitios web de tiendas locales, tal vez sea eso", dice la mujer al teléfono.
"¿Puede probar quién es?", pregunta la cajera, Melinda Sampson, mi compañera de instituto.
"Melinda, me conoces".
Me mira con desconfianza. "Entonces, ¿no puede probarlo?"
¿De quién es ese coche en mi entrada? ¿Quién abre la puerta de mi casa cargando a mi hijo?
"¡Aléjate de él!" grito.
La mujer se gira: se parece a mí.
"Isabella, ven con mamá".
Mi bebé se estremece y se abraza más al extraño. "Mamá, ¿quién es esa señora aterradora?" le dice. "Esa es la que vivía aquí antes, Bella".
Adiós, bebé
Tras un día de compras en el mercadillo, Beth abrocha a su hija en el asiento. Nota sus ojos oscuros y piel pálida.
"La Muñeca Adiós dice que es hora de irse", ríe la niña.
"¿Dónde conseguiste esa muñeca?" pregunta Beth.
La voz de la niña se torna grave: "¡Adiós, bebé dice que es hora de irse!"
Beth agarra la muñeca. "La guardo hasta limpiarla en casa, ¿vale, cariño?"
Los puñitos se aprietan. "¡Adiós, bebé dice que es hora de irse!"
Beth la deja en el aparcamiento y arranca hacia el hospital. El coche frena en seco, gira bruscamente: izquierda, derecha, izquierda. El velocímetro sube a 10, 20, 40, 80 mph antes de precipitarse por el acantilado. Justo antes del impacto, Beth mira a su hija, que aprieta la muñeca: "¡Adiós, bebé dice que es hora de irse!"
Gente del Parche
El huerto de calabazas de Perrystown es tradición anual, pero cada año desaparece alguien. El pasado, en el laberinto de maíz; antes, un viaje averiado. Siempre una excusa. El carro de heno sale lleno y regresa con otro grupo. Todos piensan que recogen y dejan gente. Pero las calabazas saben la verdad: cada una fue un humano buscando la perfecta. Sus pies se hundieron en el barro, convirtiéndose en raíces, hasta que solo quedó una cabeza calabazuda. Gritos silenciosos pidiendo ser recogidas para volver a la forma humana. Pero cada calabaza recogida exige un reemplazo, o el granjero ara el campo.
Ofidiofobia
Caminas por el bosque en una mañana primaveral cálida. Un golpecito en el brazo. Saltas, miras: nadie. Cosquilleo. Abajo: un gusano grande bajando del árbol. Unos pasos más, otro toque. Parecen recién eclosionados, pero éste es mayor.
Con cada paso, golpes y rasguños. Gusanos del tamaño de un dedo. Protuberancias viran a puñetazos, rasguños a contracciones. Te cubren, enroscados en extremidades. Caes. Uno te golpea la cara: cabeza alargada, ojos rasgados. No son gusanos: serpientes bebés. La luz parpadea, árboles y hierba vivos. ¿Cuánto durarás?
La Leyenda de Smoulder
Campistas, no dejéis la fogata sin llama de noche. Si no, despertaréis a Smoulder. Tras cerrar tienda y saco, el humo de las brasas se acumula. Cuando duermes y salen las bestias nocturnas, Smoulder desciende de las estrellas por el hilo de humo. Encuentra las brasas: ¡POOF! Niebla azul envuelve el bosque, borrando toda vida hacia las estrellas, donde se alimenta hasta el próximo humo.
Retorno de las Sombras
Se esconden a la vista siglos, planeando volver a vagar libres. Tu sombra te sigue por la calle; la ignoras, creyéndola inanimada, truco solar. Pero son reales. Su plan: uno a uno. Nadie sospecha. Cada día, una sombra salta y arrastra a su humano al mundo umbrío. Vigila qué te sigue. Uno a uno, caeremos.
No te despiertes
¿Cómo llegué aquí? ¿Es un hospital?
"¡Ayuda!"
Una voz serena: "Te ayudamos, querida. Solo no te despiertes".
"¿No despertarme? ¿Estoy despierta?"
"Simplemente no te despiertes".
La cama se mueve, oscuridad total. Voces: "Bisturí". "Quitar". "Morir".
Grito.
"Simplemente no te despiertes". Presión en pierna, brazo... El final: "Simplemente no te despiertes".
Yo construí esta ciudad
Si la construyo, vendrán. Uno a uno: casas, tiendas. Más llegarán, trabajarán, reirán. Cuando esté llena, me los llevaré. Pueblos moribundos son míos: construyo y devoro.
Relatos de terror que te erizan la piel
Estas historias explotan miedos comunes, racionales o no: fantasmas, impostores... ¿Cuál es el tuyo?